Las amigas imaginarias

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En mi primera juventud y diría que también en la segunda siempre observé con cierta curiosidad la forma en que los hombres —no todos los hombres; muchos hombres, algunos hombres— imaginaban a las feministas. No es complejo: todos los que yo conocí tenían por seguro que eran feas y lesbianas. Luego, hasta que eclosionó el huevo de Vox, anduvieron disimulando. Pero ahora llega el neomachismo y, con él, la neovisión del feminismo.

Las feministas lo eran por la misma razón que eran lesbianas: habían sido sistemáticamente rechazadas por los hombres que, como sabemos, son todos tan exigentes física e intelectualmente con sus compañeras como apolíneos. ¿Conocéis a un hombre, a uno solo, feo y/o desesperado por follar, amargado, bebedor compulsivo? Ni uno, ¿verdad? Yo tampoco. Por eso no hay hombres gays: porque un hombre solo se hace gay porque se siente rechazado por las mujeres, ¿y qué mujer podría resistirse a los encantos de la otra mitad de la población? Pero como algunas no alcanzamos esa idoneidad física e intelectual, aquí nos tenéis: solas, amargadas, lesbianas y borrachas. Y si me apuráis, del Atleti. Por torrentizar el tópico.

Viene al caso porque César Vidal parió uno de sus éxitos intelectuales en Twitter al ritmo de tópico de los 80. Yo misma lo habría metido en la lista de Los 40 Principales si hubiera tenido la potestad de hacerlo. Observad con qué estilo, con qué facundia propia del intelectual nato que es, nos define (ponedle reverb en vuestras cabezas como si de un sermón desde el púlpito se tratara, por favor):

«Observo a algunas de mis amigas feministas con más de 50. Todas están solas. Tienen gatos o beben más de lo que deberían y en la intimidad y alguna se ha hecho lesbiana. Todas están amargadas, con sensación de haber sido estafadas, con tentaciones suicidas. ¿Culpa de los hombres?».

Espero que César Vidal perdone a esta feminista por haberle corregido un par de erratas en su tuit para hacerlo más inteligible. Voy a intentar diseccionar esta originalísima reflexión que para nada ha hecho nunca hombre alguno en los últimos 60 o 70 años con intención pedagógica. Por si algún proyecto de César Vidal me lee.

Que Vidal tenga amigas así, en plural, me cuesta imaginarlo. Ojo, que no estoy diciendo que tal cosa no se dé sino que, habida cuenta de cómo suele hablar de sus amigos, es fácil pensar que le queden pocos. En este artículo que os enlazo, tan breve como trufado de errorcillos de redacción, hablaba de que tiene un amigo con una mujer alcohólica que no deja el alpiste ni a la de tres. Quiero imaginar que el amigo, de existir, habrá respondido con un sonoro corte de mangas al presunto intelectual que sacó sus trapos sucios a relucir (y la mujer, con dos o tres). 

Ahora, vista la elegancia con la que despacha las intimidades de sus pretendidos conocidos, pensad en cuántas amigas mayores de 50 y feministas puede tener. Si tal cosa existiera (que fueran amigas de este señor), quiero pensar que le habrán dado la espalda al igual que el amigo imaginario con esposa piripi. Dicho de otra forma, César: uno no habla así de sus amigos si no quiere que le partan la cara, por lo que es demasiado fácil deducir que tienes tantas amigas feministas mayores de 50 como títulos mundiales de halterofilia. 

Bueno, ahora que todas podemos estar más o menos de acuerdo en que dichas amistades están en su imaginación y que no son sino una excusa para arremeter contra el feminismo, pasemos a la colección de tópicos: solas, con gato, alcohólicas, lesbianas reconvertidas, amargadas y con ganas de tirarse a las vías del tren. Voy a revisar el Diccionario de tópicos de señoros: ah, pues sí, le han faltado dos, «satisfyer» y «bigote». Seguro que esas amigas llaman Charo, como si lo viera. Ya es mala suerte que toooooodas ellas cumplan punto por punto el decálogo de la feminista en el imaginario sórdido del perfecto machista.

El alcohol que consumen las mujeres parece ser algo que a César Vidal le obsesiona sobremanera. Bueno, al menos beben solas, por lo que solo hacen daño a sus hígados al no tener pareja a la que arrear cuando se les va la mano con la botella, César, no sé si me sigues. Lo de asociar los gatos con el movimiento social que tanto le atormenta es algo que sigo sin terminar de entender, pero quizá este prolifiquísimo historiador logre explicárnoslo en algún momento. Dado que va a 16 días por libro escrito, un hito sin precedentes en la historia de la literatura, seguro que encuentra un finde libre para currarse un ensayito gatofeminista.

Por supuesto, no podía faltar lo de la señora que al verse sola e incapaz de cazar a hombres fantabulosos como el mismísimo César, va y se hace lesbiana. Como el que se hace funcionario o mozo de almacén. Tú apruebas las oposiciones de lesbiana y ya está, de un día para otro te estás comiendo el chimichurri con tu vecina soltera. Cuánto daño ha hecho el porno, amigas contrarias. 

Ignoro el historial sentimental de este señor, pero lo imagino felizmente casado por la iglesia dada su repulsa hacia la soledad de las mujeres. No podría ser de otra manera. Por mi parte, como feminista mayor de 50 años, sola y sin gato, pero eso sí, ni siquiera conocida de César Vidal, le voy a hacer una pequeña revelación: en mi entorno, cuando las parejas se separan a partir de cierta edad, ellos suelen correr en busca de una nueva compañera con la que sustituir a la anterior porque la soledad les da pánico, y ellas lo hacen en pos de la libertad conquistada al no tener alrededor a una persona que en lo doméstico y en lo afectivo ha terminado siendo una decepción. Buscan amigos, inquietudes que colmar y, por qué no decirlo, rolletes eventuales con los que liberar endorfinas. Rolletes masculinos, César, cómo se queda. Si esas amigas suyas llegaran a existir alguna vez, pregúnteles. Las respuestas le sorprenderán.

Por La Contraria Puri Ruiz