Carolina Marín

La mujer que nos descubrió el bádminton
Carolina Marín
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Dicen que una imagen vale más que mil palabras y a mí me vais a perdonar por tirar de tópico, pero es que en el caso de Carolina Marín el dicho se lo han hecho a medida. La imagen: Carolina, raqueta en mano, en cuclillas, gritando con la boca abierta a todo lo que da. 

Ella es todo poderío

Cualquiera que se dé un garbeo por las redes sociales habrá visto a la multicampeona de bádminton convertida en meme: Carolina gritando cada punto ganado, cada juego, cada partido, con el rostro y el cuerpo en tensión, acompañada de una frase-queja a gusto del consumidor; por ejemplo: “¡Que el feminismo no es un movimiento ideológico, es un movimiento político y sociaaaaaaaaaaal!”. Ese meme representa la pasión extrema que mostramos al defender una verdad inmutable; la misma pasión que ella reconoce tener y que muestra en la pista. Vivimos en la era de memizar cualquier imagen que destaca sobre las demás, y Carolina no iba a ser una excepción.

Hasta que esta deportista no irrumpió en nuestras vidas, el bádminton en nuestro país era un auténtico desconocido. De hecho, y aunque esa visión ha cambiado, lo cierto es que su fama aquí es llevadera. Pero cuando pisa Indonesia o India, donde ese deporte está entre los más celebrados, se convierte en una superestrella que no puede caminar tranquila por la calle porque la paran constantemente para hacerse selfis o firmar autógrafos. Para la onubense, aquello fue una enorme sorpresa.

El bádminton, esa bonita casualidad

Confieso que me encanta ver cómo juega el azar con nuestras vidas; cómo un simple gesto, una pequeña decisión, dibuja el destino de la gente. En la vida de Carolina, fue este momento aparentemente irrelevante: una niña de 8 años acude a clases de flamenco; algo bastante habitual, sobre todo en Andalucía. Hasta ahí, nada destacable. Pero un día una amiga se marcha a jugar a un deporte casi desconocido, del que seguramente ni siquiera había oído hablar, y ella se va con su amiga a probar. No tiene especial importancia el hecho en sí: una niña deja una actividad extraescolar para iniciarse en otra. Lo hemos visto a lo largo y ancho de nuestras biografías. Solo que, en este caso, aquel día cambió su historia y también la de todos los que sufrimos y disfrutamos viéndola ganar el oro olímpico.

“Vamos creciendo un poquito más”, le contaba a Julia Otero en una entrevista refiriéndose a cómo el bádminton ha ido buscando un hueco entre los deportes que practican las niñas y los niños españoles. Referentes. Sin ellos, sin mujeres como Carolina, nos perderíamos demasiados caminos que explorar. Y ella lo es, es un referente, aunque no sea muy amiga de echarse flores y tienda a hablar de sus triunfos en plural: porque tras ella hay un equipo al que constantemente nombra.

Pero es que lo de Carolina Marín es muy grande. Hasta su irrupción en este deporte, jamás habíamos oído hablar de deportista alguno que destacase en bádminton en nuestro país. Después de saber de su existencia (la mayoría, en los Juegos Olímpicos de Río; yo soy una de ellas, no me escondo), tras aquel oro, su palmarés es inapelable: oro olímpico, tres campeonatos mundiales (ha logrado el subcampeonato en 2023), siete campeonatos europeos y unos juegos europeos en Tarnów, Polonia. “No soy talentosa, es que me lo curro muchísimo”, dice de sí misma. 

Cuando los resultados los provoca el sacrificio

En 2024 le esperan los Juegos Olímpicos de París, aunque ella prefiere ni oír hablar de ellos y centrarse en lo que pasará mañana. Tiene motivos: cuando se estaba preparando los de Tokio, se rompió el ligamento cruzado anterior de la pierna izquierda, su pierna fuerte, y los dos meniscos. Habla del dolor y de la resistencia al dolor como parte de su vida. Sabe que puede ocurrir; que un mal gesto, como en aquel entrenamiento previo a las anteriores Olimpiadas, corta de raíz cualquier sueño. Y para enfrentarse a eso hay que trabajar, además del cuerpo, la mente.

En este sentido, Carolina Marín, como casi cualquier deportista de élite, cuenta con psicólogos que la ayudan a gestionar el éxito y también el fracaso. Aquella lesión de 2021, la más grave de toda su carrera, la dejó anímicamente tocada, como ella misma confiesa, pero siempre le cede una veta al optimismo: “Al menos solo me quedaban tres años para los siguientes Juegos, no cuatro”, contaba mientras estaba en pleno proceso de recuperación.

Y por eso evita pensar en París, aunque sabe que, por edad, es altamente probable que haya dejado la élite en los siguientes, que se celebrarán en Los Ángeles. Lo habitual en bádminton es retirarse a los 24 o 25 años, así que, cuando llegue 2024, Marín le habrá robado seis a su jubilación en el deporte a máximo nivel. Ahora bien, si bien no quiere hablar de Juegos Olímpicos, sí es capaz de proyectar su futuro después de su más que probable última cita olímpica: Quiere ayudar a los jóvenes que sueñan con destacar en el deporte que la ha hecho famosa, dice. Quién sabe si un buen día Carolina no descubrirá el brillo del talento en una de esas niñas que bailaban flamenco y entraron a curiosear a ver qué era eso del bádminton.

Las cosas de Carolina:

Por La Contraria Puri Ruiz