Clara Grima

Clara Grima
«Para que la carrera científica de una mujer sea como la de un hombre necesitamos compartir los cuidados»
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Yo no lo sabía, pero resulta que me gustan las matemáticas. Y me fui de cabeza a estudiar griego clásico por huir de ellas. ¡Ojalá hubiera tenido a Clara Grima de compa de pupitre! Cuando charlas con ella y conoces un poco mejor el mundo en el que se mueve, repartido entre la enseñanza universitaria y la divulgación, te arrepientes un poquito de no haberles dado una oportunidad.

Clara Grima combina las clases a sus alumnos en la Universidad de Sevilla con charlas, colaboraciones en distintos medios (JotDown, Naukas, Eldiario.es) y programas (A vivir que son dos días, Órbita Laika). Y, de paso, pues se curra cosas preciosas como los cuentos Mati y sus matiaventuras para que los más peques le cojan el gustillo a las mates, o es una de las doce invitadas por la Unesco para celebrar por primera vez el Día Mundial del número π. Lo típico, vamos. En fin, que me apetecía charlar con ella y despejar, ya que no la x de la ecuación, alguna que otra incógnita sobre matemáticas, diversidad, equidad de género y ciencia en femenino.

Dices que a todo el mundo le gustan las matemáticas, solo que algunos no lo saben. Convénceme de que me gustan, porfa, porque a mí las matemáticas (o más bien algún profesor) me echaron a la tierna edad de 15 años, cuando había logrado enamorarme de la combinatoria…

¿Cómo te puedo convencer? Mira, yo a mis alumnos, que son universitarios, les suelo decir al principio: «Os voy a enseñar a contar». Y ellos, claro, se ríen. ¡Pero es que contar es muy difícil! Te diría que te gustan las matemáticas porque a todos nos gusta descubrir historias y en esencia las matemáticas son eso: descubrir historias, como si fuera un juego de detectives, donde vas cogiendo pistas y al final encajas todas las piezas de un puzle y llegas a la solución. A todos nos gusta intuir, descubrir, usar la lógica… Como decía Maryam Mirzajani [célebre matemática iraní, tristemente desaparecida], para que la matemáticas te muestren su belleza tienes que ser un poco paciente.

En cuanto al profesor… Por desgracia existen docentes que transmiten las matemáticas de una manera aburrida, y eso hace que mucha gente las perciba así. Pero las matemáticas gustan a todo el mundo.

¿De dónde sale ese amor por la divulgación? Porque, al fin y al cabo, tú te ganabas la vida esencialmente con la enseñanza y esto de hacer que todos amáramos las matemáticas lo empezaste a sacar de tu tiempo libre.

Todo sale de mis hijos. Cuando hice la carrera, mi idea era ser profesora de Secundaria. Me gustó tanto la carrera que me quedé en la universidad, porque vi que me pagaban por estudiar matemáticas, que me encantaba, así que como era un win-win me quedé. Pero yo no estaba interesada entonces por la divulgación, ni hablaba de matemáticas con nadie. Mi tiempo libre lo dedicaba a leer ficción: a Almudena Grandes, a Eduardo Mendoza…

Pero Salvador y Ventura, mis hijos, crecieron con muchos estímulos matemáticos a su alrededor, porque tanto su padre como yo somos matemáticos. Y empezaron a preguntar. Mi hijo pequeño, a los 6 años, me preguntó qué era eso que llevaba en la camiseta, que era el número π. «¿Qué es eso, mamá? ¿Una mesa o una portería de fútbol?». Y aquello fue el big bang, porque le contesté: «¡No, es un número que está entre el 3 y el 4!». A lo que me contestó que era mentira, que no había ningún número entre el 3 y el 4.

A partir de ahí le expliqué que entre el 3 y el 4 había una cantidad infinita de números, y que π era muy importante porque sin él no podríamos medir los círculos. En fin, es una historia que he contado muchas veces. Lo importante es que aquella anécdota me dejó pensando en una cosa: con las dos personas a las que más quiero del mundo no podía hablar de la cosa que más me gusta en el mundo, que son las matemáticas. ¿Cómo podía compartir eso con ellos, si no hablamos el mismo idioma?

Ahí surgió la idea de comenzar a publicar cuentitos en un blog que no leía ni dios… porque dios no existe, entre otras cosas. Y empezaron poco a poco a tener cierto éxito en las redes. Conocí a Raquel García Ulldemolins [una famosa ilustradora], que me propuso que lo hiciéramos juntas. Y lo que comenzó como algo que hacíamos en nuestro tiempo libre fue a más, porque nos invitaban a dar charlas en los colegios, institutos…

Así descubrí que, como a ti, a muchos niños y niñas les daban miedo las matemáticas. Y me lo paso muy bien, porque me gustan las matemáticas y me encanta ver la cara que pone la gente cuando descubre que a ellos también. Además, formarme para seguir divulgando y la perspectiva que me aportan mis oyentes me sirve para mis siguientes charlas. La divulgación me está llevando a sitios maravillosos.

Me consta, porque has dejado buen rastro en redes, que le pones especial empeño a la divulgación matemática entre las niñas y adolescentes para que se animen a zambullirse de lleno en ellas y en la ciencia en general. Como docente, ¿por qué crees que nos acercamos menos a la ciencia que los chicos?

Pues por los estereotipos, está clarísimo. Yo, cuando era pequeña, no sabía que podía ser matemática porque no existían las [mujeres] matemáticas. En mi familia no había referentes porque no había ido nadie a la universidad, y si pensábamos en científicos y científicas se tenía a ver a Einstein. En realidad, en ciencias bío (medicina, biología…) sí había más chicas, pero en materias como en física o ingenierías, no.

Y lo que pasa con matemáticas en concreto es lo más triste. Bueno, lo más triste no: ahí tenemos a Netanyahu masacrando a un pueblo y cometiendo un genocidio… Pero en mi campo, es muy triste ver cómo a medida que la carrera ha ganado prestigio ha ido bajando el número de mujeres que la cursan. Ahí están los datos del Ministerio, no son opiniones: en los ochenta había el mismo número de mujeres que de hombres, o un poco más de mujeres, si me apuras. Sin embargo, cuando en los primeros 2000, con la revolución digital, comenzó a estar mejor remunerada y a tener más prestigio, comenzó a masculinizarse.

¿Por qué ha ocurrido esto? Mi opinión es que la carrera de Matemáticas ya no está tan orientada a la docencia, y a las mujeres las hemos educado históricamente para este tipo de servicios públicos, no para la investigación.

¿Qué crees que deberíamos hacer cada una desde nuestras casas, con nuestras hijas, para acercarles la ciencia, para convencerlas de que es una buena opción para ellas, de que son tan capaces como sus compañeros?

Mostrarles referentes, que hay muchas matemáticas jovencísimas ahora mismo. Y también decirles que las matemáticas se hacen con la cabeza, eso que tenemos entre las cejas y el pelo, y que no hacen falta genitales de ningún tipo [ríe]. Y luego hay algo que también destruye estereotipos: la ciencia no es algo que hace alguien en solitario, como Marie Curie o Albert Einstein. La ciencia hoy en día se hace en equipo, es algo colectivo, y cuando se junta un equipo de personas trabajadoras salen cosas muy chulas.

Katalin Karikó, que fue premio Nobel en 2023 y la diseñadora del ARN mensajero que nos ha salvado la vida, dijo en una entrevista que había salvado la vida a millones de personas y no conocía sus caras ni sus nombres porque se puede lograr ese hito desde un laboratorio. Y yo añado que también desde un ordenador, porque gracias a la inteligencia artificial estamos desarrollando técnicas de diagnóstico, diseño de antibióticos para superbacterias, de programas de computación afectiva para atender a chicos y a chicas con TEA, para personas con alzhéimer…

En definitiva, necesitamos a las mujeres también en un laboratorio o tras un ordenador para salvar vidas. Porque para diseñar medicamentos o técnicas de diagnóstico es fundamental la diversidad, ya que hacen falta todas las sensibilidades. Y si no, ahí tenemos el infarto de miocardio, que hasta 2012 no se descubrió que los síntomas en una mujer son diferentes a los del hombre… gracias a una doctora.

Luego está el futuro profesional y las condiciones laborales que, todavía hoy, nos mantienen un escalón por debajo de los hombres. ¿Qué tiene que ocurrir para que la carrera de una mujer de ciencias transcurra al mismo ritmo que la de un hombre?

Compartir los cuidados. El gran problema que tenemos las mujeres en ciencia, y se vio en la pandemia a nivel mundial, es este. No recuerdo si fue Science o Nature quien publicó que durante el confinamiento las mujeres habían bajado muchísimo en producción científica a nivel mundial y los hombres la habían aumentado.

En las carreras de las mujeres no se tienen en cuenta circunstancias excepcionales como los embarazos y los partos. Necesitamos que no se nos castigue por eso. Y necesitamos también que se comparta esta tarea, que sigue recayendo en las mujeres en un porcentaje muy muy alto.

Fuiste una de las doce personas expertas en matemáticas de todo el mundo invitadas por la Unesco para celebrar el primer Día Mundial del Número π. ¿Qué tiene ese número que os enamora de tal manera a los matemáticos? ¿Nos lo puedes contar de una manera que entendamos todos los mortales, te lo pido por favor?

¡Sí, me puse muy contenta! Y el número π… Pues es un número muy chulo. Ya hablé de él; fue casi el comienzo de mi carrera como divulgadora. Aparece de forma casi mágica… que no es mágica, se entiende, sino matemática.

Tú coges un botón, por ejemplo, y mides su contorno. Luego mides su diámetro [la línea recta que parte ese círculo en dos mitades exactas]. Pues bien, el resultado de dividir el contorno por el diámetro es la misma cifra si haces la división con las medidas de un botón que con las de la rueda de un camión o que con el círculo del CERN, el acelerador de partículas, que mide kilómetros de diámetro. Siempre aparece el número π, que es una constante independiente del tamaño del círculo. Esa es una de las características que hacen fascinante a este número, que aparece en numerosas situaciones, incluida la naturaleza.

Como periodista le tengo pánico a la inteligencia artificial: en el plano de ofertas de empleo y en el de la posibilidad de que los bulos se cuelen más y mejor. Pero luego te leo a ti decir que la inteligencia artificial y los algoritmos son buenos. ¿Debo dejar de preocuparme o la maldad y la bondad van a convivir con esta nueva tecnología y debemos acostumbrarnos?

Nos asusta porque es una cosa muy potente. Pero los algoritmos son útiles. No son ni buenos ni malos: son métodos. La agricultura es un algoritmo: siembras, mueves la tierra, la riegas, la fertilizas… El algoritmo es un proceso ordenado. Y la inteligencia artificial es tan potente que puede ser peligrosa. Pero no debemos pensar solo en cosas como ChatGPT, que copia los trabajos o que copia la música, sino también en el campo que he comentado antes: diagnósticos de enfermedades, diseño de nuevos tratamientos antibióticos o contra el cáncer…

La IA puede tener un lado muy oscuro, pero por otra parte ha logrado cosas que nos parecerían un milagro si nos las hubieran contado hace treinta años. ¿Nos va a quitar el trabajo? Aquí voy a citar a Nerea Luis, una de las mayores expertas en IA: «La inteligencia artificial no te va a quitar el trabajo: te va a quitar las tareas». Y si nos quitamos de una vez esos procesos tediosos porque los hace una máquina, genial, porque así podremos dedicarnos a esa parte más humana de la vida.

Hay que tener precaución, sí. Entre otras cosas, porque genera un gran consumo energético. O sea, que tampoco es jauja. Pero tampoco debemos verlo como algo tan terrible. Habrá que sentarse y pensarla, definir un uso ético. Y van a ocurrir cosas terribles, sí, pero también avances maravillosos. Una misma furgoneta puede asesinar gente en la Rambla o llevar ayuda humanitaria. El problema no es la herramienta: es el uso que se le dé.

Por La Contraria Puri Ruiz