Diana Trujillo

La latina que viajó de Cali a Marte
Diana Trujillo
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Hay que ver lo distinto que suena «año marciano» según quién lo diga o lo procese. Si lo digo yo, mis interlocutoras pensarán que me he pasado 365 días viviendo, haciendo o escuchando marcianadas. Pero si lo dice Diana Trujillo estará hablando literalmente de eso: de lo que tarda el planeta Marte en completar una vuelta al sol. 687 días, para ser exactos.

Año marciano, vida marciana

Todo es marciano en Diana, y me refiero ahora a mi concepto de lo marciano. Para empezar, salir de tu Cali natal para plantarte en Estados Unidos a los 17 años sin hablar inglés, con 300 dólares en el bolsillo. Después, ingresar en una universidad pública —donde la enseñanza pública es casi un anatema—: de la Miami Dade College saltó a la de Florida, donde inició y completó, respectivamente, sus estudios de Ingeniería Aeroespacial. Estudiar combinando en paralelo varios trabajos, tradición en los ultraliberalísimos states para poder pagarte los estudios sin morir en el intento (pero cayendo desfallecida cada noche, imagino).

¿Se puede volar más alto?

Diana Trujillo es una de los siete directores de vuelo —cuatro hombres y tres mujeres— que tiene la NASA para sus misiones. Llegar hasta allí no parece precisamente fácil. Hacerlo como latina, todavía menos. Trujillo es mucho más que la persona que lidera al equipo de ingenieros del laboratorio de propulsión a chorro a cargo del brazo robótico de la Perseverance: es una mujer que hace ciencia en uno de los epicentros globales de la ciencia. Y que habla en español. Esto, que puede parecer una frivolidad, no lo es en absoluto: está siendo el referente para millones de mujeres del mundo hispanohablante —seguramente, también de hombres— que, desde lugares remotos, suspiran con llegar hasta donde ella ha llegado. Diana está haciendo, ahora mismo, historia. «Mirar desde donde yo nací hacia donde estoy ahora es algo que nunca se me ocurrió en mi vida», explicaba en una entrevista de 2022.

Siempre soñó con trabajar en la NASA y, desde luego, de ella sí se puede decir que ha cumplido con creces su sueño. Allí está desde 2008, y su conexión con las misiones a Marte comenzó desde el primer momento. Ahora, mientras Perseverance sigue recogiendo muestras de lo que pueden ser indicios de vida pasada en el Planeta Rojo, se prepara para otra misión histórica, el programa Artemis. Se trata del proyecto de la NASA para volver a enviar seres humanos a la Luna. Pero en esta ocasión hay dos novedades: una, que se pone el primer ladrillito para establecer una presencia sostenible en nuestro satélite; dos, que esta vez habrá una mujer en la tripulación, Christina Hammock Koch. Y tres hombres (no vayamos a pedir la paridad de golpe, chicas, que se nos colapsa el patriarcado).

Desde Cali hasta Marte

«Vamos a volver a ir a la Luna, pero para muchos de nosotros es la primera vez», sostiene Diana, que nació doce años después de aquel primer alunizaje. La Luna se convierte, así, en otro pequeño paso para el hombre, pero en un paso enorme para la mujer. Sobre todo, para Diana, que ve en esta segunda expedición el previo a poder amartizar (es decir, plantarse en Marte).

No en vano, su cuenta de Twitter se llama @FromCaliToMars. Y ahora diréis, o yo lo decía al menos: «¿Y para qué ir a Marte? ¿Necesitamos realmente despilfarrar dinero en pisar un planeta?». Al parecer, la cuestión no es baladí. La propia Diana explicaba tiempo atrás lo importante que es amartizar, ya que estando allí podemos ver «qué podemos hacer para que el planeta Tierra se vea como Marte». Es decir, tras su empeño en que el ser humano pise este planeta hay un espíritu ecologista nada despreciable. En España hay un refrán que dice que cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar. Pues eso: si algún día una tripulación logra visualizar en el propio terreno qué pasó, quizá pueda explicar un par de cositas a los negacionistas del cambio climático.

Pensar en llegar a Marte, en que una mujer pise la Luna, parece una empresa casi inimaginable. Pero imaginad esto otro: una niña colombiana cuya madre tuvo que dejar de estudiar para criarla se va siendo aún una adolescente a los Estados Unidos y acaba siendo directora de la NASA. Si me pedís que os diga qué me parece más difícil, si la carrera espacial o la de Diana, creo que elegiría la b. Y muchas de vosotras también.  

Las cosas de Diana:

Por La Contraria Puri Ruiz