Elena Arizmendi Mejía

Pionera del feminismo en México
Elena Arizmendi
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Hasta bien entrado el siglo XX, es bastante habitual que las mujeres que luchaban por su visibilidad y la de sus iguales procedieran de familias bien, lo cual no le quita un ápice de mérito a su causa. Es más: como mujeres con ciertos privilegios de los que no gozaba una buena parte de la población podrían haberse dedicado a disfrutar de la vida regalada que tenían y, en lugar de eso, se lanzaron a pelear por abrir espacios. Una de esas mujeres fue Elena Arizmendi Mejía.

Condensar la vida de esta mujer en unos cuantos párrafos es injusto. Vamos primero con el contexto histórico, que es especialmente importante en esta historia. La revolución mexicana contra la dictadura de Porfirio Díaz estalló cuando Elena Arizmendi estudiaba Enfermería en el país vecino, Estados Unidos. En aquella época, era habitual que las familias acomodadas de México enviaran a sus hijos a estudiar allí. Un año después, y sin haberse recibido aún como graduada en Enfermería, se marchó a su país natal para ver cómo podía ayudar a los heridos de guerra.

Los conflictos ideológicos y de posicionamiento hicieron que se crearan diferentes cruces. Es decir, además de la Cruz Roja estaban la Cruz Verde, la Cruz Azul, la Cruz Blanca Mexicana… y la Cruz Blanca Neutral. Esta última la fundó Arizmendi junto a su hermano y a estudiantes de Medicina y Enfermería. La idea era atender a los heridos a los que la Cruz Roja rechazaba (esto es, a los que formaban parte del bando revolucionario). Con los fondos que Elena Arizmendi logró recaudar pudieron montar un hospital de campaña. La Cruz Blanca Neutral terminó teniendo 25 brigadas repartidas por todo el país.

Pero hubo dos cosas que no se le perdonaron a esta filántropa y activista: una, ejercer un liderazgo para el que la sociedad no estaba preparada (la mujer debía ser sumisa y qué iba a ser eso de querer tener un espacio en la vida pública, por favor, qué desvergüenza); dos, mantener un romance con un hombre casado, José Vasconcelos. Esto último marcará su vida y la llevará hacia el feminismo.

Elena Arizmendi se vio obligada a huir a Estados Unidos debido al escándalo que había supuesto la revelación de su historia de amor con aquel hombre. Allí entró en contacto con el feminismo anglosajón. De él extrajo enseñanzas, pero también supo que las mujeres norteamericanas y europeas no llegaban a entender la realidad de la mujer latinoamericana. Así que tomó parte activa para generar un cambio: creó una revista, Feminismo Internacional, en cuyos artículos reflejaba la visión hispana del feminismo. Por otra, junto a la también feminista Sofía Villa de Buentello fundó Mujeres de la Raza y la Liga Internacional de Mujeres Ibéricas e Hispanoamericanas. La idea era que las mujeres latinoamericanas pudieran reconocerse en el feminismo, con su propia identidad y sus propios valores.

Volvamos a Vasconcelos, porque este personaje es, cuando menos, decepcionante. Tras su ruptura con Arizmendi, aquel intentó sin éxito reconciliarse con ella. Después se vengó a través de dos novelas en las que la desacreditaba a través de un personaje llamado Adriana. Elena le devolvió la pelota con su obra Vida incompleta; ligeros apuntes sobre mujeres en la vida real, donde daba su versión de los hechos y, en definitiva, venía a decir que había dos varas de medir para juzgar la moral femenina y la masculina. De poco le sirvió: su obra solo pudo ver la luz en Nueva York.

En 2010, la historiadora Gabriela Cano publicó Se llamaba Elena Arizmendi. Habían pasado 100 años desde que arrancó la revolución mexicana y durante todo ese tiempo aquella feminista primigenia había permanecido prácticamente en el anonimato. También escribió el prólogo de Vida incompleta; ligeros apuntes sobre mujeres en la vida real, que pudo por fin republicarse… en 2012.

Elena Arizmendi había inspirado a generaciones de compatriotas. Había liderado organizaciones de gran calado. Había comprendido la realidad de las mujeres de su entorno. Sin embargo, su voz se fue acallando. Es tiempo de rescatarla.