Eva Hache

La mujer que reinventó la noche televisiva
Eva Hache
Getting your Trinity Audio player ready...

La noche está hecha para los hombres. Caminar por la calle cuando no hay luz natural sigue siendo mucho más cómodo para ellos. También en televisión: los late shows son cosa de hombres, como se decía de cierta bebida alcohólica de cuyo nombre no quiero acordarme. Hagamos un repaso. En Estados Unidos, el país al que se atribuye la autoría de este formato, han triunfado David Letterman, Jay Leno, Conan O’Brien, Jimmy Fallon, Johnny Carson, Jimmy Kimmel, Jon Stewart, Bill Maher. Me dejo alguno atrás, pero ni una sola mujer, oigan.

En España nos iniciamos en el formato bastante más tarde, en la década de los noventa. Esta noche cruzamos el Mississippi fue el primero de los que triunfaron. El segundo, Crónicas marcianas. El tercero se llamaba Noche Hache y lo presentaba por primera vez una mujer: Eva González Villegas, más conocida como Eva Hache.

Mientras escribo repaso una y otra vez cuántas mujeres hay o ha habido al frente de un late show, también fuera de nuestro país, y cuesta encontrar a una maestra de ceremonias. Antes de Eva, nadie (al menos, no en España); después, varias: Thais Villas. Las mujeres de Hable con ellas. Susi Caramelo. Eva Soriano. Patricia Conde. Eso sí, de una en una, como las filas de patitos. No vaya a ser que nos demos un atracón de mujeres y nos salgan a todos, qué te digo, tetas.

Y es que, aunque hubo grandes cómicas que precedieron a Eva Hache —pienso en Mary Santpere o en Rosa Maria Sardà—, a esta segoviana hay que reconocerle el mérito de estar entre las primeras mujeres que se plantaron en un escenario a hacer monólogos. Ella misma reconoce que cuando empezó casi nunca tuvo compañía femenina —es decir, las cómicas escaseaban—, «y ahora, de repente sí», comenta.

Eva tiene algo que engancha, que hace que solo con salir ya estés riendo porque su expresión facial invita a la diversión (ojos grandes, sonrisa permanente). Sí, Eva es un referente, por más que tiempo atrás reconociera cierto “resquemor” cuando le colgaban ese cartelito, porque le hacían sentir vieja. Mujeres como Carolina Iglesias —junto a la que se ha ido de gira con el espectáculo Mentes peligrosas— la reconocen como referente, algo que es halagador y a la vez te recuerda el camino recorrido.

Un camino, eso sí, lleno de momentazos. Siendo mujer y cómica, no es algo precisamente habitual. No hace algunos años. Que no son muchos, pero es que en los últimos ocho o diez hemos avanzado un montón de casillas en lo que a igualdad de oportunidades se refiere (nos quedan varios montones más). Volvamos a Eva y a sus hits. Uno de ellos, haber presentado los Goya. Siendo los Goya un achicharrador de iconos mediáticos —pocos presentadores salen indemnes de esa experiencia—, Eva repitió. Dos años seguidos; es decir, que triunfó. No es lo habitual, desde luego. Pocos han logrado la hazaña: la cuestión es que se trata de una ceremonia interminable, todavía muy lejos de esos espectáculos que saben montar en Estados Unidos, y a menudo mal engrasada. Eva logró en ambas galas hacer suyo el texto, llevárselo a su terreno: hacer reír, en definitiva.

Es curioso que alguien todavía joven como Eva sea referente para las nuevas generaciones de mujeres cómicas. Y solo tiene una explicación aparente: que antes de ella no hubo muchas. En una entrevista radiofónica, Eva explicaba cómo la educación que tradicionalmente hemos recibido las mujeres «basada en el “sé discreta”, “no llames la atención”, “no hagas el ridículo”» nos ha alejado de la comedia. Por suerte, ha sobrevivido a ese montón de tópicos y nos sigue regalando su humor. Y, aunque de cara a la galería dice soñar con el momento de la jubilación —con que otras cómicas le paguen su retiro, bromea—, lo cierto es que no para de probar cosas nuevas. ¿Presentar un pódcast? Presentar un pódcast —junto a Nacho Vigalondo—. ¿Dirigir una película? Dirigir una película. Todo, atravesado por su talento natural para hacer reír. Y que siga por muchos años, porque en tiempos duros nos hace más falta que nunca.

Por La Contraria Puri Ruiz