Gloria Fuertes

La mujer que logró que la infancia amara la literatura
Gloria Fuertes
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No hay nadie en España de la llamada Generación X, y también de gran parte de la millennial, que no lleve la voz de Gloria Fuertes grabada a fuego en su cabeza. Sonaba grave y áspera de tabaco (fumaba muchísimo) y, sin embargo, tenía un eco divertido gracias a las rimas cantarinas de sus poemas, que recitaba en los más exitosos programas infantiles de televisión de los setenta y ochenta, frente a un pelotón de criaturas absortas con sus versos.

Hay, como poco, dos maneras de hacer literatura infantil: la de quienes entienden a las niñas y niños y buscan cómo hacerles divertido el acceso a los libros, y la seria y circunspecta, que ve en esas edades una versión miniadulta que debe instruirse en lo importante desde temprana edad con biografías épicas o lecciones de historia clásica. Gloria pertenece a la primera. Y logró un éxito sin precedentes: quizá por eso muchos de sus compañeros (hombres, en su inmensa mayoría) la despreciaban.

Según cuenta Jorge de Cascante, autor de El libro de Gloria Fuertes, era una de esas escritoras que tenían colas kilométricas en la Feria del Libro, así que sus compañeros, al ver aquello y por comparación (casetas bastante más vacías que la de Gloria), solían decir que lo que ella escribía no valía nada. ¿Envidia? Mucha. ¿Desconocimiento? No parece. Porque aunque la literatura infantil de Gloria tiene mucho más valor del que le quieren adjudicar, no se dedicó a ella en exclusiva. Eso sí: su poesía es lúdica, humorística; rompe con los prejuicios y en ella prevalece la imaginación por encima de otras características. Todos estos rasgos forman parte de lo que el movimiento literario llamado postismo reflejó en su primer manifiesto, y al que perteneció.

El postismo era una contracción de postsurrealismo, y en él se enmarca tanto la literatura infantil de la poeta como la llamada seria. Mucho más desconocida que la anterior, cuenta con más de una veintena de títulos tan sugerentes como Cuando amas aprendes geografía, Mujer de verso en pecho o Pecábamos como ángeles. Una buena parte de estas obras no infantiles se publicaron después de su muerte: en vida, la figura de Gloria fue reducida a la de una entretenedora de niños y niñas, nunca como una literata de altísima calidad. Como si ambas cosas fueran excluyentes.

Según quienes la han estudiado en profundidad, el hecho de ser mujer, lesbiana y pobre no ayudó en absoluto a que se la viera como una escritora a la que tomarse en serio. Nada nuevo bajo el sol. Los libros de Lengua y Literatura reflejaron quiénes fueron las parejas de Juan Ramón Jiménez (Zenobia Camprubí) o de Antonio Machado (Leonor Izquierdo), por citar solo dos; pero nunca nadie habló de la de Gloria Fuertes. A nadie parecía molestarle el hecho de que Machado se enamorara a sus 33 años de una niña de 14 y, sin embargo, a la sociedad sencillamente le habrían espantado dos mujeres enamoradas, habitualmente resignificadas como «amigas». Qué os vamos a contar a estas alturas que no sepáis.

Al menos se daba la paradoja de que el afecto entre dos mujeres se podía mostrar en público, puesto que no implicaba necesariamente un vínculo romántico o sexual. De esa contradicción se aprovecharon, como tantas otras (y muy bien hecho, por cierto), Gloria y Phyllis Turnbull, hispanista estadounidense a la que conoció estudiando inglés y biblioteconomía a mediados de los cincuenta. Su amor duró 15 años y lo rompió el cáncer que acabó con la vida de Phyllis. Quizá por eso, gran parte de los versos adultos de la poeta están trufados de referencias directas o indirectas a aquel amor, pero también a la soledad, a la tristeza y a la muerte.

Aquella década, la de los cincuenta, fue también la de Versos con faldas, una tertulia literaria femenina (y feminista) promovida por Gloria Fuertes. Y la de la biblioteca ambulante que, junto a su novia, crearon a finales de la década para llevar libros infantiles a los pueblos que no tenían un espacio para ello. Montada en su Vespa, recorría algunos de los rincones de la España más invisible para fomentar el amor por la literatura en niñas y niños. Fue también, unos años más tarde, la mujer que conoció a Joan Baez en Estados Unidos y enseñó a bailar chotis a los hippies de la época. ¿Se la puede admirar más?

Es cierto: hace falta ampliar la visión de quién fue Gloria Fuertes como escritora y como persona. Pero por favor, no minimicemos la imagen que sí recordamos: la de miles de niñas y niños que, como yo, amaron la literatura gracias a ella. Porque ese acto es impagable y es suyo.