Maruja Mallo

Maruja Mallo
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Nacida en Vivero, Lugo, el 05 de enero de 1902, es la cuarta de catorce hermanos y hermanas. Tuvo la suerte de contar con unos padres que apostaron por educar a todos sus hijos por igual, lo que le permitió disfrutar de una libertad que pocas niñas tenían en su época.

Con veinte años su familia se mudó a Madrid.  Entró en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde coincidió con Salvador Dalí, el que fuera uno de sus amigos más importantes, quien la introdujo en el surrealismo.

Mientras iba a las clases de la Real Academia de Bellas Artes, también trabajaba en publicaciones de carácter literario en Almanaque Literario, La Gaceta Literaria y La Revista de Occidente, esta última fundada por Ortega y Gasset, admirador de las ilustraciones que Maruja Mallo hacía para la revista, le montó una exposición dedicada a la obra de la artista en la sede de la revista. Fue todo un acontecimiento cultural en Madrid y le sirvió a la pintora para ser reconocida como artista.

En 1932 consiguió una beca para estudiar en París. Donde conoce a Magritte, Picasso, Breton y Miró, entre otros. Expuso por primera vez su obra en Paris en la Galería Pierre y es en esta ciudad donde comenzó su etapa surrealista, su pintura cambió y alcanzó una gran maestría.

En 1933 regresó a Madrid donde impartió clases de Dibujo en el Instituto de Arévalo, en el Instituto Escuela de Madrid y en la Escuela de Cerámica de Madrid.

Al estallar la Guerra civil, Mallo huyó a Portugal, donde la poeta y Premio Nobel Gabriela Mistral la recibió y quien le ayudó a trasladarse a Buenos Aires para dar una serie de conferencias sobre la temática popular en la plástica española. Empezó así su exilio de veinticinco años.

En esos años de exilio, en los que vivió principalmente entre Uruguay y Buenos Aires, se dedicó a viajar, diseñar y pintar. Realizó exposiciones en París, Brasil y Nueva York. En 1947 viajó a Nueva York, donde conoció a Andy Warhol con el que entablo una buena amistad, y en 1948 ganó el I Premio Pictórico de la II Exposición Neoyorkina con su cuadro Cabeza de Negra. Un año más tarde expuso en la Galería Carroll Carstairs.

En 1962 regresó a España, instalándose en Madrid, donde realizó una exposición en la Galería Mediterráneo en octubre de ese mismo año. Y decidida a lograr el reconocimiento que se merecía, se dedicó, en los años sesenta y setenta a recuperar y reconstruir su obra. Retomó el dibujo de viñetas para La Revista de Occidente y fue incluida en exposiciones sobre la pintura española. Además, volvió a convertirse en una figura asidua de las tertulias y del mundo cultural del momento.

Maruja Mallo fallecía en Madrid a los 93 años, tras haber dedicado su vida al arte y siendo, probablemente, la pintora española más importante del siglo XX.