Nathy Peluso

«La gorda está triunfando»
Nathy Peluso
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Lleva desde 2017 en la música profesional y ya es un símbolo. Nathy es hija de la fusión y de la crisis; de la fusión, porque incorpora los ritmos que la hicieron crecer como artista —soul, jazz, R&B— a su música, que se mueve cómoda entre los sonidos latinos, los africanos y la música urbana.

La gorda está triunfando

La crisis la trajo hasta España con solo 9 años. Sus padres venían huyendo del corralito que arrasó la economía argentina —cuatro años después llegó la gran crisis global— y allí, antes de intentar cursar, primero, Comunicación Audiovisual en la Universidad de Murcia y después Teatro en la Rey Juan Carlos de Madrid, empezó a probar con eso de ser cantante. En Torrevieja —vivía en Alicante— comenzó a actuar en varios de los numerosos hoteles y restaurantes de la ciudad. Versionaba a grandes del soul y el jazz, los mismos que había escuchado durante su infancia. De ahí saltó a YouTube, donde subía estas mismas versiones y, más tarde, bases electrónicas que creaba junto a sus amigos.

También fue teleoperadora, dependienta, camarera. Vendió paellas malas para turistas, como ella misma las define. Trabajó en muchos sitios y muy distintos, en lugares muy alejados de la fama que hoy la envuelve y que, a pesar de eso o precisamente por eso, asume con los pies muy en la tierra.

En 2018 sacó, después de un disco de versiones, el EP Sandunguera y el resto, como se suele decir, es historia. Rotunda y empoderada, Nathy se sacude los complejos que intentan proyectar sobre ella los envidiosos con frases como «la gorda está triunfando» pronunciada en La Resistencia y que se hizo viral de inmediato. Sí, ella también ha sido una de las dianas en las que clavar los dardos de la gordofobia. En el caso de Nathy, por suerte, pinchan en hueso: sufrió bullying de pequeña y se curó todas aquellas heridas hace tiempo. «Pienso que mostrar las debilidades es signo de fortaleza», dice.

«Una perra sorprendente, curvilínea y elocuente»

Seguramente su activismo feminista guarda mucha relación con la manera de ver, de verse. Es irreverente, pero al mismo tiempo acogedora; rompe clichés uno tras otro a la vez que escala puestos en la música. No sigue modas, solo a su impulso y a su instinto: «Nadie me dice lo que tengo que hacer» y, desde luego, le está funcionando. Con solo un disco de estudio, Calambre —dos si contamos el EP ya mencionado— y algunas canciones fuera del mismo ha logrado acumular casi medio centenar de nominaciones y premios. Por supuesto, es una de las artistas que ha compartido sesión con Bizarrap; también la lio parda marcándose una bachata con C. Tangana nada menos que en la catedral de Toledo al ritmo de «yo era ateo, pero ahora creo». El deán de la catedral tuvo que dimitir por el escándalo que se armó, pero ni Nathy ni Antón se dieron por aludidos. Sus líneas rojas están en otros sitios.

Ha pisado festivales como el FIB o el Sónar, dos de los muy grandes, y sigue imparable. Nathy derrocha poderío sobre el escenario y ese es un valor que nadie en su sano juicio quiere perderse. Pero lo mejor de todo es que no hay artificio en lo que dice ni en cómo lo dice: la imagen que proyecta actuando es ella, la de una mujer atrevida y camaleónica, que hoy lleva una larga melena negra y mañana se lo corta estilo pixie, que no busca estilismos premeditadamente, que se deja llevar. Que muestra orgullosa esa heterocromía que nos transporta a Bowie, otro de esos artistas que no se parecían a nadie.

Con una historia vital construida entre dos culturas, la natal y la adoptiva; con una pasión que la desborda —«soy muy histriónica», ha llegado a reconocer— y una honestidad que la humaniza, que la baja de los altares de la fama, Nathy lo ha hecho todo y lo tiene todo por hacer. Porque es imparable y porque sabe también hasta qué punto sus fans se miran en ella: «Es importante que las chicas que tienen un cuerpo parecido al mío se sientan representadas». Su música te puede gustar mucho o te puede gustar poco, pero es difícil no quererla.

Las cosas de Nathy:

Por La Contraria Puri Ruiz