Paloma del Río

Paloma del Río
«La gente que dice que éramos más libres en los 80 no ha vivido los años 80»
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No sé si Paloma del Río se imaginó, cuando decidió colgar el micrófono, que su despedida iba a concitar tantísimo interés. No sé si se cuelga el micrófono, los auriculares o si simplemente estamos utilizando esta expresión por encima de nuestras posibilidades. Lo que sí sé es que la periodista está desbordada por el cariño recibido y por la cantidad de entrevistas que le están pidiendo. De dos a tres diarias, me dice, y por fin parece que la tormenta perfecta (su jubilación, el Mundial de Gimnasia Rítmica más el caso Rubiales) comienza a amainar.
Cuando charlo con Paloma, Rubiales acaba de dimitir y hace ya más de tres semanas del Mundial de Fútbol, del famoso ‘piquito’ no consentido, de todo ese se acabó que ha sacudido las entrañas del machismo más recalcitrante, y ella sigue estando solicitadísima. Me pregunto si este ‘me too’ patrio ha sido tan decisivo para que todo el mundo desee hablar con ella.
No sé, Paloma es una voz y una manera de narrar deportes irrepetible. Nos acercó a la gimnasia artística y rítmica, al patinaje artístico; nos hizo fans, nos enseñó a mirar a través de sus ojos. Sospecho que su despedida ha sido en sí misma un evento que trasciende todo lo demás y, al menos en Las Contrarias, su nombre estaba entre los más ‘entrevistables’, si se me permite el ‘palabro’, para arrancar esta aventura hecha por, sobre y para mujeres.

Se nos ha ido la voz de la gimnasia, Paloma. Para muchas de nosotras esa disciplina va indisolublemente asociada a tu voz, a tu manera de explicárnosla, pero ¿qué vas a hacer tú sin la gimnasia? Quiero decir, ¿cuáles son ahora tus planes? 

Bueno, hay muchas cosas en la vida. Se acaba una etapa, sí, pero eso no quiere decir que se corte de raíz con la vida anterior. Esa afición la tienes para siempre. Me interesa la gimnasia desde los 6 años, y desde ahora seguiré siendo una aficionada. Ahora mismo estoy en la playa tranquilamente, bajando cuando hace sol, tranquila. Pero para este otoño tengo ya algunos compromisos previamente organizados: una conferencia en el Guggenheim, una charla en el Consejo Superior de Deportes…

¿Cuál es ese momento en el que sentiste que tocabas el cielo como profesional, ese triunfo de una gimnasta o de un gimnasta que te hizo pensar: “Esto es historia del deporte español”?

Muchos. Pero al final los momentos que trascienden son los que tienen que ver con medallistas españoles en los Juegos Olímpicos, que es el evento deportivo que recordamos. Recuerdo la plata de Carolina Pascual en el 92, que fue la primera de la historia en esta disciplina. Recuerdo las de Gervasio Deferr, la de Patricia Moreno, la conjunta del equipo español de rítmica en Río o las cuatro finales de Almudena Cid, la única gimnasta que ha estado en cuatro Juegos Olímpicos. 

Junto a Almudena has estado retransmitiendo gimnasia estos últimos años. ¿Será tu relevo natural?

No, no. Almudena es una comentarista técnica, ha sido mi compañera de viaje y ahora habrá que ver si acepta o no seguir colaborando con mi sustituto o sustituta. 

Y fuera de los micros, en tu día a día, ¿cuál es tu deporte, el que practicas con más frecuencia? 

Necesito el deporte porque necesito tener la musculación potente. En el gimnasio, en Madrid, entreno la fuerza para mantener fuertes mi espalda y mis piernas. Cuando estoy en la playa, a estas horas [charlamos a las ocho y media de la mañana], me gusta caminar por el paseo marítimo todos los días.

Leí un tuit a Pedro Torrijos, un arquitecto que hablaba de ti en aquella publicación, y me identifico al cien por cien: estar viendo, yo qué sé, una competición de suelo, ver una diagonal que a mis ojos inexpertos les parecía perfecta y escuchar tu “ay” casi sordo, y yo empezar a pensar: «¿Pero cómo que ay?, ¿qué ay, si estaba perfecto?». ¿Cómo se entrena la vista para detectar esos microfallos?

Eso se consigue entrenando el ojo y tener en tu cerebro la capacidad de ver cuál es el salto perfecto. Cuando has visto mucha gimnasia, sabes cómo es ese salto, que en sí mismo no pasa de segundo y medio. Pero claro, hay que ver mucha gimnasia, horas y horas siendo espectadora. Y saber ver no solo la imagen que te ofrecen las cámaras, sino también el ángulo que tienes cuando estás en el pabellón, por ejemplo. 

Me decías que vas a dos o tres entrevistas diarias. Desde luego es para sentirse muy orgullosa, porque eso implica que has dejado huella. ¿Por qué crees que has calado tan hondo en la memoria colectiva? Sé que cuesta hablar de una misma, pero hoy toca.

Se han dado varias circunstancias. El Mundial [de Gimnasia Rítmica] de Valencia, que es clasificatorio para los Juegos Olímpicos y es en sí mismo muy importante. Pero a eso se sumó que TVE, en la nota de prensa del Mundial, añadió que era mi última retransmisión. Y a esto súmale el caso Rubiales. La tormenta perfecta. En la medida de lo posible he intentado atender a todo el mundo y empiezo tener ya una vida normal, pero ha sido algo desmedido.

Hablando de Rubiales, te tengo que preguntar por tu visión de todo lo sucedido, Paloma. 

Lo he vivido con sorpresa y con bochorno, sin dar crédito. Lo sucedido con Rubiales me ha parecido inapropiado, vulgar, una falta de decoro, de no saber dónde tienes que estar… Un despropósito total. Me suelo informar en US Sports, un medio en el que también enfocan el deporte desde un punto de vista más jurídico, y me he enterado de algo que no me ha gustado nada: cuando la FIFA prohibió a Rubiales acercarse a Jenni Hermoso y a su entorno, retiraron una de las notas de prensa emitidas, en la que habían puesto en su boca palabras que no había dicho. Después ha sucedido el hackeo del teléfono de la futbolista; si no, ¿cómo han logrado esas imágenes? Cuando Rubiales se vio acorralado por todo el mundo, incluidos los poderes fácticos, solo le quedaba irse, pero lo ha hecho cada vez peor. Por otra parte, me pasa por la cabeza cómo y dónde va a trabajar Vilda [el antiguo seleccionador, ya cesado y de quien en 2022 se quejó un nutrido grupo de jugadoras, y que solo dos meses después del escándalo Rubiales ya estaba entrenando a la selección femenina de fútbol en Marruecos, cómo os quedáis].

Tú viviste un episodio de este tipo en tu profesión; una agresión sexual que entonces quizá no llamábamos así porque la cultura de la agresión estaba absolutamente blanqueada. No te pregunto por cómo lo reinterpretas ahora, sino por cómo lo viviste entonces.

Pues es que yo era claramente consciente de que lo que estaba haciendo ese hombre no era viable. Yo tenía 26 años y aquel hombre me agarró el pecho. Supe desde el primer minuto que no era correcto y que no lo debía consentir, así que le solté: «¿A ti te gustaría que esto se lo hicieran a tu hija?». En ese momento, tomó conciencia de lo que acababa de pasar. Pero es que muchos hombres en aquella época pensaban que tenían derecho a hacer y deshacer.

Has estado narrando deportes para TVE más de 35 años. Has acudido a grandes eventos, Juegos Olímpicos incluidos. Al menos en España, el periodismo deportivo ha sido territorio eminentemente masculino hasta hace poco. ¿Cómo percibes que ha cambiado desde dentro y qué crees que hace falta?

Cuando yo empecé solo había una televisión con dos canales. Hasta el 90 no comienzan las privadas, y en los 2000 es cuando aparece internet, se amplía el número de canales y, con él, las posibilidades. En aquella primera época, el periodismo deportivo había sido hecho y consumido por hombres. Habría alguna afición entre las mujeres en petit comité, pero poco más. Lo habitual eran los hombres yendo a por el Marca o el As en Madrid, o a por el Sport y el Mundo Deportivo en Barcelona. 

A medida que iba pasando el tiempo se fue tomando conciencia de que las mujeres también queremos hacer y consumir periodismo deportivo, y esto empieza por el fútbol, porque es el deporte que tira de todos los demás. Otro factor es que ahora se puede estudiar Periodismo en toda España, que hace que aumente el número de alumnas, y cada vez más futuras periodistas se lanzan al periodismo deportivo. Yo estudié en la Complutense y venía a estudiar gente de toda España, porque apenas había tres o cuatro universidades que tuvieran esa carrera. 

Vivimos una ola de ultraconservadurismo que obviamente afecta a la percepción global del feminismo y que ha llegado incluso a los medios. En el periodismo deportivo yo lo percibo a veces en la radio. ¿Eres optimista o pesimista con respecto a cómo avanzamos dentro de la profesión?

Mi experiencia es que, poco a poco, esa manera de ver las cosas tan arcaica y tan fuera de lugar yo he percibido que ha ido a mejor. La radio es un caldo de cultivo, se retroalimenta en sí misma. Del comportamiento en una redacción de entonces al de ahora hay un cambio enorme: ya no hay esas risitas ni palabras malsonantes, hace tiempo que no lo he vivido. Cosas como lo de Rubiales sirven de aviso para navegantes para todos, no solo para el deporte. Afortunadamente. 

Otro mensaje que escucho muchísimo últimamente es que en los 80 había más libertades que ahora; que hoy hay una especie de censura contra todo. Eres mujer, perteneces al colectivo LGTB y viviste aquella época: me gustaría saber cuándo sientes que había más libertad, si entonces o ahora.

Lo de que había más libertad en los 80 lo dice gente que no ha vivido en los 80. Hay muchos votantes con menos de 25 años que no tienen un histórico de lo que hemos vivido. En paralelo, está habiendo una serie de blanqueamientos de lo que ocurría entonces por parte de distintos partidos. Estos blanqueamientos de aquellas épocas repercuten en las personas a las que se cercena el derecho a vivir como les parezca. Allá tu punto de vista moral, pero todo esto está retroalimentado por una parte de la sociedad que blanquea actitudes y comportamientos para que encajen con el ideario que tienen. 

Por cierto, y cambiando completamente de tercio. ¡Que no sabía que tenías una novela premiada! Sé que has escrito libros relacionados con tu profesión, pero ¿has vuelto a animarte con la ficción? 

Uy, sí, fue en el año 82, en un concurso de novela joven de la Comunidad de Madrid; creo que aquel certamen se llamaba Arturo Barea. La tenía escrita, la presenté y quedé segunda. La segunda novela no la publicaban, solo le daban la parte económica, que fueron creo que 200.000 pesetas. Después he publicado otros tres libros relacionados con lo mío: Más que olímpicas [junto a Juan Manuel Surroca], El papel de las mujeres en el deporte y Enredando en la memoria. Ya me han llamado de una editorial para algún proyecto, pero ¿ponerme a escribir ficción? No, no lo veo. 

Las cosas de Paloma:

Por La Contraria Puri Ruiz