Rosario de Velasco

Pintar cuando las pintoras eran minoría
Rosario de Velasco
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Si hay un espacio profesional en el que las mujeres han comenzado más tarde a ser visibles, ese es el de las artes plásticas. Las muy conocidas, las que han pasado a la historia, se cuentan con los dedos de la mano: Georgia O’Keefe, Frida Kahlo, Tamara de Lempicka… Rosario de Velasco fue contemporánea de las dos últimas: nació seis años después de Tamara y tres antes que Frida.

De Velasco, como Kahlo, pertenece al aún más reducido colectivo de pintoras hispanohablantes. En tiempos convulsos como los que ambas vivieron, cada una se sitúa en un espacio ideológico diferente: Frida abrazó el marxismo y Rosario defendió el ideario falangista. Sin embargo, los dibujos de Rosario ilustraron indistintamente obras de uno y otro lado del arco político.

Se la inscribe dentro de las Sinsombrero, una generación de mujeres artistas que reunían tantos o más méritos que sus coetáneos masculinos (hablamos de la Generación del 27), pero que por el hecho de ser mujeres tuvieron que pelear su visibilidad (¿os suena de algo?). El nombre de este colectivo viene de una anécdota: dos de ellas, Maruja Mallo y Margarita Manso, paseaban junto a Lorca y a Dalí por Madrid y se quitaron el sombrero al llegar a la Puerta del Sol. Algo que hoy puede parecer inane fue entonces un gesto de tal rebeldía que incluso, dicen, las apedrearon e insultaron. Quitarse el sombrero en público era algo impensable hace solo un siglo.

Rosario de Velasco fue una de aquellas mujeres que pelearon por reclamar un espacio en el mundo del arte, por ser llamadas pintoras, autoras, escritoras. Fue la época de las sufragistas republicanas, de jefazas como Clara Campoamor enfrentándose a señores que pensaban que calladitas (y sin urnas) estábamos más guapas. Su estilo se inscribe dentro del academicismo de la época, aunque hay una evolución constante y un cambio de estilo radical entre antes y después de la guerra. A ese trauma no escapó nadie, y Rosario, además, estuvo a punto de morir fusilada por sus ideas.

El museo Thyssen acoge entre junio y septiembre de 2024 una exposición de la pintora madrileña, fallecida en 1991. No es la primera: Rosario ha protagonizado más de medio centenar entre individuales y colectivas. Entre ellas, una en el Centre Pompidou de París, que no parece poca cosa. Se pudo ver su obra tanto en los años de la II República como durante el franquismo y los años setenta y ochenta. Quienes han estudiado su obra encuentran la mayor riqueza artística en los lienzos previos al conflicto nacional. Todas aquellas que podamos acercarnos a la exposición tendremos la oportunidad de descubrirlo y de confirmar o rebatir esta idea. Pero, sobre todo, podremos sacar del sótano de lo olvidado a una mujer que merece un lugar en la historia.

Por La Contraria Puri Ruiz