Se acabó

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Nuestro Me Too tenía que llevar un toque de canción desgarrada, de la diva setentera y maltratada que fue María Jiménez, nuestra Paquita la del Barrio particular. Se acabó. Es que lo dices y se te van los pies. El #SeAcabó que se ha viralizado en redes tras el Mundial de Fútbol de Australia lo creó una de sus más ilustres participantes, Alexia Putellas, dos veces Balón de Oro.

Tenemos que gritarlo alto y claro: ya está bien. Se acabó. Hasta aquí. Ni un paso atrás. Que sí, que seguirá habiendo casos, pero esto es como el covid: una vez encuentras la vacuna, la pandemia desaparece. Y la hemos encontrado: se acabó. No tengo la menor duda de que algunos seguirán tirando de privilegios, pero ya no les va a salir gratis porque se los ve desde todas partes, cual lamparón en camisa blanca.

Me viene a la cabeza un chiste viejísimo, en el que un tipo va conduciendo, pone la radio y el locutor dice: «Se pide precaución a las personas que estén transitando por la A-5. Hay un conductor circulando en sentido contrario», a lo que el conductor contesta: «Uno no, ¡todos!». Viene al caso porque, en la semana en que ese señor que presidía la Real Federación Española de Fútbol se retrató delante de todo el mundo, ocurrieron un par de cosas. Ambas tienen el sabor agridulce de la victoria ante un hecho que nunca debió haber sucedido. Todas las protagonizan conductores suicidas.

La primera corre a cargo de un tal Tomàs Baiget. Al parecer, este documentalista de relumbrón, que dirige un medio especializado y tiene hasta entrada en la Wikipedia catalana, se dedicaba a retratar culos de sus compañeras documentalistas en congresos y reuniones. Por supuesto, sin su consentimiento; en cualquier caso, sin saber el fin último de las imágenes. «Culitos» los llamaba él, os comento, para que veáis que todo puede dar siempre más asco. No contento con ello, los subía a una web para compartir el material con sus otros compañeros varones. Esto, insisto, ha saltado a la luz pública después de conocer el affaire Rubiales. Una profesional de su sector, Elena, lo dio a conocer en Twitter.

Tomàs, al ser descubierto, pidió perdón y se avergonzó tanto de su conducta que abandonó las redes sociales. Ja, ja, ja. Que nooooo, que contestó a su compañera diciendo que no tenía nada de lo que arrepentirse. Al parecer, el personaje en cuestión dejaba bastante que desear por su empeño en quitar visibilidad a las mujeres en un ámbito tan feminizado como es la biblioteconomía y la documentación. Una joya, vamos. 

La web ya no existe, aunque él no se arrepiente. Pero para que veáis el tono, os dejo algún parrafito que colgó en el hilo la mujer que lo dio a conocer, para que entendáis por qué Tomàs no debería arrepentirse de nada (y espero que entendáis que uso el sarcasmo por no usar otra cosa): «Esta web es un homenaje […] a esta simpática parte del cuerpo de la mujer, conocida —según el ángulo y el enfoque— por culo, pompis, pubis, vagina, chichi y miles de variantes […]. Esta parte bien envuelta y resaltada por insinuantes prendas tales como velos, pantalones, bañadores, bragas, faldas, pareos, etc., aparece todavía más misteriosa y atractiva […]. Cada una de estas fotos pretende ser un pequeño estímulo erótico […] para nuestras vidas. Queda a cargo de la imaginación y del saber hacer del internauta visitante todo el resto, que no es poco». No tengo pruebas, pero tampoco dudas de que tú a Tomàs le pones un salmonete con un pareo alrededor y tiene una erección.

Segunda historia: el director de un diario deportivo, Santi Nolla, se marcó en pleno fragor del caso Rubiales uno de esos editoriales aliados a tope titulado como nuestro Me Too: Se acabó. Sucede que el tal Santi, tiempo atrás, se llevó a un hotel a su directora de estrategia, Anna Solans, y le dijo, tal como ella contó, que se quitara la ropa, que el sexo “le abriría un mundo de posibilidades”. El tal Santi fue relevado de su puesto nada más saberse de su agresión y ¡que no, que no, que estamos de broma, sigue en su puesto, no hay nada que temer!

Tenemos, pues, a los señoros que no se arrepienten de nada y a los que pensaban que sus actos del pasado no les pasarán factura. Pero hemos reaccionado, Jenni nos ha dado la fuerza y en otros sectores como el del cine comienzan a temblar los cimientos. Todavía me estremezco de pánico al recordar que un tipo al que el mundo entero estaba mirando no tuvo ningún empacho en llevarse a sus hijas al trabajo para utilizarlas de escudo protector contra lo que él dio en llamar falso feminismo. Poco después supimos que también había usado a las mujeres de la RFEF para colocarlas en primera fila. Aquel día, Luis Rubiales necesitaba una clac de lujo, pero muchas le han ido dando la espalda. 

Lo dicho: vuestros privilegios del pasado tienen un coste en el presente. ¿No os arrepentís? ¿No dimitís? ¿No veis el problema? Tranquilos. Simplemente, sentaos y esperad. No es una venganza. No es un ajusticiamiento público. Es la sociedad recordándoos que los conductores suicidas erais vosotros. 

Por La Contraria Puri Ruiz