¿Se entendió la letra?

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La que se ha armado por una canción. Ni la inflación, las guerras, la pobreza energética o tantos otros dramas que nos rodean a diario han logrado que nadie se indigne tan concentradito como con la canción que nos representará en Eurovisión.

De un tiempo a esta parte, las broncas en torno a quien o quienes van a representar a España en Eurovisión son continuas. Que si es demasiado sosa, que si con eso no vamos a ganar o que por qué no se canta solo en castellano, o por qué se canta (o no se canta) en los otros idiomas del país. Que si qué baile, que si qué letra, que si qué rollo todo. Algo como este festival, que es un canto a la frivolidad en el mejor de los sentidos, a la alegría de vivir, que se ha sublimado en los últimos años, se convierte en cuestión de Estado. Y este año la crítica gira en torno a la letra. Zorra. Ay, zorra, esa señora dice muchas veces «zorra», qué horror. Cuantísimo enfurruñamiento innecesario.

Confieso que a mí, la canción, ni fu ni fa. No me encanta; ni siquiera me gusta. Soy tiquismiquis musical y me gustan otro tipo de estilos, no me lo tengáis en cuenta. Pero sigo sin ver la polémica. ¿Alguien se ha molestado en leer la letra, en intentar entender lo que dice? Porque juraría que no.

Resulta que Nebulossa, el dúo que interpreta este tema, ha escrito una canción de empoderamiento, esa palabra tan sobeteada que ya se le han borrado los bordes. La protagonista de la canción está enfrentándose a alguien, seguramente de su pasado, que la llamó «zorra» una y mil veces, y viene a decirle: «Eh, mira, te he superado, ya sé que me vas a poner de vuelta y media, pero es que yo estoy genial, me merezco que me pasen cosas buenas, nunca has elogiado mis méritos y ya me he cansado de que me insultes». Pizca más o menos. Leedla, está por todas partes.

Y eso me trajo a la cabeza otra cosa. Hubo un tiempo en que «maricón» era la detestable palabra con la que los homófobos más recalcitrantes humillaban a los gays… hasta que el colectivo la desactivó empezando a usarla como un apelativo cariñoso. Confieso que me encanta decir a mis amigas y amigos, solo cuando sé que no va a caer mal, un «cómo te quedas, maricón». Es que es precioso, tiene hasta métrica. El mundo LGTBI cuenta con un talento especial para quitarle gravedad a los agravios que les dedican, para eliminar la toxicidad con la que se los envían y hacerlos suyos. ¿Os acordáis de Gaysper, aquel fantasmita diseñado por cierto partido político ultra? Pues igual. Son la leche, qué queréis que os diga.

Respeto todas las opiniones, como no podría ser de otra forma. Pero como aquí se trata precisamente de opinar, os diré que yo, individua individual que no representa a nadie salvo a mí, no encuentro la ofensa en la letra de Zorra. No me indigna. Es más, es que objetivamente no lleva impresa esa intención. En todo caso, la de desactivar el sentido de la palabra: «Si me vas a llamar «zorra», ya me lo llamo yo y eso que llevamos adelantado». No tengo claro eso de «que hablen de ti aunque sea mal», pero con la tontería ya la conocen fuera de nuestras fronteras. Y a lo mejor, a fuerza de escucharla, hasta me termina gustando. Aunque solo sea por molestar.